No lo veo, sí lo veo

C

uando pensamos en alumnos con Altas Capacidades Intelectuales (AACC), la mayoría de la gente se imagina un niño que está súperatento en clase y que saca 10 en todas las materias. Pero la realidad dista mucho de esta concepción idealizada, tan arraigada en la sociedad. Si bien es cierto que este colectivo presenta una capacidad abrumadora para el aprendizaje, en la mayoría de los casos, no se traduce en un Alto Rendimiento Académico.

Esta mañana estaba hablando con un periodista extremeño para pedirle que publique un artículo hablando de los problemas de estos niños. Para mi sorpresa, me ha contestado que él NO VE el artículo porque la educación pública está para los niños que no llegan, para los que necesitan ayuda. ¿Y el resto de niños? Yo creía que la educación pública era para TODOS, pero SE VE que NO. Yo creía que debía ser INCLUSIVA, pero SE VE que NO. Yo creía que debía atender la DIVERSIDAD de capacidades presentes en los niños, pero SE VE que NO. SE VE que los niños con AACC no necesitan ayuda.

Todos los grandes expertos en la gestión del talento intelectual señalan la importancia de una atención temprana y la necesidad de una educación adaptada a las necesidades específicas de estos alumnos. Cuando pensamos en otros tipos de talento como el deportivo, el artístico o el musical, a nadie le resulta difícil entender que, para que el desarrollo de estos talentos alcance niveles superiores, es importante comenzar a trabajarlos desde edades tempranas, y que es necesario tanto disponer de instalaciones adecuadas como de personal especializado. A ningún deportista le exigimos resultados antes de haber recibido el entrenamiento necesario, dirigido por entrenadores especializados a través de planes individualizados de trabajo. Se detecta el talento en potencia y se fomenta su desarrollo a través de una atención individualizada, y el resultado final es el deportista de élite, el músico profesional o el artista. Sin embargo, cuando consideramos el talento intelectual, parece que nos cuesta entender la necesidad de todos estos apoyos, y las familias nos encontramos con “Si es tan inteligente tendría que hacerlo todo solo, ¿no?”, pues no. Para que se produzca un reconocimiento del talento intelectual, se le exigen los resultados por adelantado y sin haber recibido la formación necesaria, ni los apoyos requeridos. Luego nos sorprende que sea el único talento que no se desarrolla.

En España, en estos momentos, disponemos de niños en edad escolar que escriben cuentos geniales, con un vocabulario extenso y estructuras gramaticales complejas que la mayoría de los adultos no serían capaces de aplicar de forma práctica, y cuyos maestros “NO VEN” que tengan adquiridas las competencias lingüísticas de primaria porque cometen faltas ortográficas. En España, tenemos niños que, ya 1OESO, dominan los contenidos matemáticos de 2OBachillerato, y cuyos profesores “NO VEN” la necesidad de dejarlos avanzar porque tienen muy mala letra. En España tenemos pequeños programadores a los que no les vamos a permitir acceder a una formación especializada porque no tienen la edad correcta para ello. También tenemos grandes expertos en sus temas de interés que odian asistir a clase de la materia que es su pasión porque su profesor se siente agredido por su conocimiento y entra en conflicto con ellos. ¿Somos capaces de imaginar a un entrenador deportivo que se sienta agredido porque el deportista al que entrena tenga más habilidad que él mismo? No, por supuesto, ese es un entrenador orgulloso de “su chaval” y desea que triunfe para poder decir “siempre lo dije, que iba a llegar lejos”.

La falta de una educación personalizada, adaptada al desarrollo del talento que presenta el individuo y a su ritmo de aprendizaje, lleva a la frustración y la apatía, estado en el que se encuentran nuestros jóvenes intelectuales. ¿Acaso creemos que ese gran guitarrista lo va a llegar a ser si le ponemos un límite de tiempo para tocar su instrumento porque los demás no siguen su ritmo? ¿Creemos que ese gran futbolista va a llegar a serlo si lo sentamos en el banquillo toda la temporada porque ya marcó un gol en el primer partido y hasta que no marquen todos los demás no puede volver a jugar? ¿Cómo se sentirían estos niños si los tratamos así? ¿Se sentirán motivados o hastiados? ¿Se desarrollarán o abandonarán por el camino? Por supuesto, en este sentido, España destaca por la falta de medios y recursos para gestionar estos desarrollos, España destaca por la falta de formación del personal docente en la atención de estos talentos y, por supuesto, España destaca por sus escasísimos premios Nobel y porque sus Universidades no están entre las mejores del mundo. Luego nos toca escuchar por la tele cómo a políticos de todos los colores se les llena la boca hablando de la promoción del talento. ¿De qué talento? ¿Del talento del chanchulleo? ¿Del talento de la corrupción? En esos talentos sí que destacamos de verdad en España, casi más que nuestros deportistas y nuestros artistas que también destacan. ¿Y el resto de talentos? ¿Dónde están que NO los VEO?

ISABEL DE TOMÁS BARRERAS es promotora de la siguiente campaña en Change.org:

https://www.change.org/p/centro-educativo-especializado-en-la-atenci%C3%B3n-alumnos-con-altas-capacidades-intelectuales